Distrito 5.13. Navío “San Juan Nepomuceno”

Península de La Magdalena

MODELO DEL NAVÍO SAN JUAN NEPOMUCENO Y EXPOSICIÓN

En 1995 se comienzan los trabajos para realizar el modelo del navío de la Armada Española de 74 cañones San Juan Nepomuceno. Un proyecto muy ambicioso y complejo que venía precedido de una intensa investigación por parte de Juan M. Castanedo Galán. Director del Centro de Estudios “Astillero de Guarnizo” con la colaboración del Almirante Director del Museo Naval de Madrid, José Ignacio Gonzalez-Aller Hierro. Con una completa planimetría y la documentacion gráfica aportada, la especialidad de Modelismo con el reputado maquetista naval Francisco Ramos Bedia, al frente, se puso manos a la obra durante casi un año, hasta finalizar con éxito la empresa. El proyecto fue coordinado por Esteban Sainz Vidal.

El modelo final se finalizó en julio de 1997. Se encuentra actualmente cedido por el Ayuntamiento de Santander, en el Museo Marítimo del Cantábrico. Sus características son:

Modelo realizado a escala 1:40 con maderas de fresno, ukola, caobilla y teca. 74 cañones de latón, 9300 clavos de latón, 430 m de cuerda de jarcia.

  • Eslora 140 cm.
  • Manga   34,2 cm.
  • Puntal   14,4 cm.

Medidas máximas del modelo con la arboladura.

  • Longitud   218 cm
  • Anchura     91 cm
  • Altura       177 cm

Una vez finalizado el modelo el Ayuntamiento de la ciudad promovió una gran exposición en la campa de La Magdalena, donde se expusieron los planos y modelos originales y se recreó a tamaño real el interior de un entrepuente y la popa del navío.

En la muestra se resaltó la unión entre barco, puerto y ciudad, en un periodo en el que se acababa de conceder el privilegio de Ciudad a Santander y se ampliaban los muelles y el primer ensanche de la ciudad hacia el este.

La exposición se completó con las piezas cedidas por otras dos ciudades europeas de gran tradición en la construcción naval como Rochefort y Amsterdam con fondos procedentes de sus museos navales, además del de París.

LA CIUDAD DE SANTANDER Y EL SAN JUAN NEPOMUCENO

En 1763 se decide la construcción de seis navíos de línea y cuatro fragatas para la Real Armada en el Astillero de Guarnizo, convirtiéndose la Bahía de Santander en un lugar estratégico y de interés general que debía protegerse de un posible ataque enemigo.

Las baterías costeras seleccionadas para ser fortificadas y quedar en estado de poder defender la Ciudad de Santander, su Puerto y Astillero de Guarnizo fueron: Cabo Menor, La Cerda, San Felipe, San Juan, San Martín, San Pedro del Mar y San Salvador del Ano.

Una década después que Fernando VI otorgara en 1755 el título de Ciudad a Santander, se coloca el 19 de junio de 1765, la quilla del primer navío San Juan Nepomuceno de la serie que se va a construir en el Astillero de Guarnizo y ese mismo año Francisco Llovet presenta un proyecto de ampliación de la ciudad de Santander y su puerto para favorecer el comercio marítimo, firmado en Pamplona a 7 de agosto de 1765.

El proyecto de Llovet, que plantea la prolongación del muelle de las Naos y la creación de un nuevo barrio con una fachada marítima de cinco casas frente a los arrabales de la ciudad y extramuros de ella (el arranque del actual Paseo de Pereda que comienza en la Plaza Porticada), constituye la primera planificación rectangular de la ciudad y ordenación portuaria hacia Puertochico que marcará las líneas básicas de futuras actuaciones en el siglo XVIII, mientras que en el siglo XIX se iniciará el ensanche del puerto y la ciudad en sentido contrario, hacia Maliaño.

Además, hay que destacar que en el proyecto de Llovet se contempla el derribo de una parte de las murallas de la ciudad y la demolición de algunas casas para prolongar la calle de Gutiérrez (hasta la actual General Mola) con el nuevo barrio proyectado sobre el mar frente a los arrabales.

Las obras proyectadas por Llovet en 1765 se inician ampliando el muelle de la ribera hacia San Martín y rellenando el río Becedo, dejando para más tarde la ampliación del muelle de las Naos, de forma, que al año siguiente se presenta el proyecto de las casas del nuevo barrio frente a los arrabales, de planta baja para almacenes, tres pisos y buhardillas e iniciándose su construcción una vez construido el muelle con su colector en la zona que comprende actualmente el tramo del Paseo Pereda desde la Plaza Porticada hasta el Banco de Santander. Teniendo concluido el dique y replanteadas las primeras cinco casas que dan al muelle en 1768.

En septiembre de 1789 se bota el navío Santo Domingo en el astillero de Guarnizo, último navío de la serie de seis que se inició con el San Juan Nepomuceno y en Santander están empezadas las obras de ampliación del puerto y ciudad conforme al proyecto aprobado a Agustín Colosía.

EL NAVIO “SAN JUAN NEPOMUCENO”

El 19 de junio de 1765 se coloca la quilla del navío San Juan Nepomuceno, como resultado de la realización del asiento que Manuel de Zubiría presenta a S.M el 15 de junio de 1763, para construir seis navíos de 70 cañones en el astillero de Guarnizo y el Secretario de Marina, Julián de Arriaga, confirma su aprobación el 20 de septiembre del mismo año.

La construcción de este navío se produce  junto con la de otros cinco conocidos por los nombres San Pascual, San Francisco de Asís, San Lorenzo, San Agustín y Santo Domingo.

Como los navíos españoles venían adoleciendo de costosas carenas para su óptimo mantenimiento, debidas principalmente a las pudriciones tempranas que aparecían en la obra viva o parte sumergida del casco, desde la Secretaría de Marina, se encargó la contratación del  técnico francés Francois Gautier para que supervisase los montes de construcción de Cantabria de donde salía una buena parte de la madera suministrada a los arsenales, para comprobar la bondad del roble.

Para remediar los defectos que adolecía la construcción naval española, elabora un informe donde recomienda dejar un claro de seis pulgadas entre cuaderna y cuaderna del casco y fabricar las partes estructurales del buque con piezas más pequeñas, fuertemente unidas con clavazón, de hierro rechazando las cabillas de roble.

El San Juan Nepomuceno salió de Santander para incorporarse a la Real Armada y tomar parte en las misiones que se le encomendase; entre los documentos que aparece, está en el Estado de la Armada española que se firma en El Pardo el 7 de febrero de 1774, destinado al Departamento de Ferrol; también figura en la relación de buques que componían la escuadra  que salió de Cartagena para Cádiz el 1 de febrero de 1797, al mando del teniente general José de Córdoba, en esta ocasión iba mandado por el capitán de navío Antonio Boneo y no tuvo parte activa en el combate de Cabo San Vicente.

El San Juan Nepomuceno fue el primer navío construido de su serie y en él ensayaron las nuevas técnicas de construcción naval que se iban a implantar en la Real Armada; por este motivo, se compararon sus propiedades marineras y de comportamiento en la mar con las de otros navíos construidos por el anterior sistema de construcción conocido como “a la inglesa”.

En 1799, el San Juan Nepomuceno formó parte de la escuadra que el teniente general José de Mazarredo aprestó en Cádiz, partiendo hacia Brest.

Pero por lo que se le recuerda al navío San Juan Nepomuceno es por su participación en Trafalgar en 1805, a las órdenes del brigadier Cosme Damián Churruca, hacia donde partió como navío integrante de la escuadra española mandada por el teniente general Federico Gravina con 693 tripulantes.

De lo ocurrido en Trafalgar nos da buena cuenta Benito Pérez Galdós en su libro Trafalgar, primero de la serie de Episodios Nacionales, a través de una pregunta de Don Alonso Gutiérrez de Sisniega a Malaspina:

Cuénteme usted lo que ha pasado en el Nepomuceno. Aún cuesta trabajo creerme que ha muerto Churruca, y a pesar de que todos lo dan como cosa cierta, yo tengo la creencia de que aquel hombre divino ha de estar vivo en alguna parte.

Malaespina dijo que desgraciadamente él había presenciado la muerte de Churruca y prometió contarlo puntualmente

-Desde que salimos de Cádiz-dijo Malaespina-, Churruca tenía el presentimiento de este gran desastre. Él había opinado contra la salida, porque conocía la inferioridad de nuestras fuerzas, y además confiaba poco en la inteligencia del jefe Villeneuve. Todos sus pronósticos han sido ciertos; todos hasta el de su muerte, pues es indudable que la presentía seguro como estaba de no alcanzar la victoria. El 19 dijo a su cuñado Apodaca: “Antes que rendir mi navío, lo he de volar o echar a pique. Este es el deber de los que sirven al rey y a la patria”. El mismo día escribió a un amigo suyo, diciéndole: “Si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto”.

Churruca era hombre religioso, porque era un hombre superior. El día 21 a las once de la mañana mandó subir toda la tropa y marinería; hizo que se hincaran de rodillas y dijo al capellán con solemne acento: “Cumpla usted, padre, con su ministerio, y absuelva a esos valientes que ignoran lo que les espera en el combate”. Concluida la ceremonia religiosa, les mandó poner en pie, y hablando en tono persuasivo y firme, exclamó: “¡Hijos míos: en nombre de Dios prometo la buenaventura al que muera cumpliendo sus deberes!” Si alguno faltase a ellos, le haré fusilar inmediatamente; y si escapase a mis miradas o a las de los valientes oficiales que tengo el honor de mandar, sus remordimientos le seguirán mientras arrastre el resto de sus días miserable y desgraciado”.

Esta arenga, tan elocuente como sencilla, que hermanaba el cumplimiento del deber militar con la idea religiosa, causó entusiasmo en toda la dotación del Nepomuceno. ¡Qué lástima de valor! Todo se perdió como un tesoro que cae al fondo del mar. Avistados los ingleses, Churruca vio con el mayor desagrado las primeras maniobras dispuestas por Villeneuve, y cuando éste hizo señales de que toda la escuadra virase en redondo, lo cual, como todos saben, desconcertó el orden de batalla, manifestó a su segundo que ya consideraba perdida la misma con tan torpe estrategia. Desde luego comprendió el aventurado plan de Nelson, que consistía en cortar nuestra línea por el centro y retaguardia, envolviendo la escuadra combinada y batiendo parcialmente sus buques, en tal disposición que éstos no pudieron prestarse auxilio.

El Nepomuceno vino a quedar al extremo de la línea. Rompiose el fuego entre el Santa Ana y el Royal Sovering, y sucesivamente todos los navíos fueron entrando en combate. Cinco navíos ingleses de la división de Collingwood se dirigieron contra el San Juan Nepomuceno; pero dos de ellos siguieron adelante, y Churruca no tuvo que hacer más que a fuerzas triples.

Los ingleses necesitaron nuevos refuerzos; llegando a ser seis contra uno. Volvieron los dos navíos que nos habían atacado primero, el Dreadnought se puso al costado del San Juan Nepomuceno, a medio tiro de pistola por la aleta y popa. Figúrense ustedes el fuego de estos seis colosos vomitando balas y metralla sobre un buque de 74 cañones. Parecía que nuestro navío se agrandaba, creciendo en tamaño conforme crecía el arrojo de sus defensores. Las proporciones gigantescas que tomaban las almas parecía que las tomaban también los cuerpos, y al ver cómo infundíamos pavor a fuerzas seis veces superiores, nos creíamos algo más que hombres.

Pero Dios no quiso que saliera vivo Churruca de la terrible porfía. Viendo que no era posible hostilizar a un navío que por la proa molestaba al San Juan Nepomuceno impunemente, fue él mismo a apuntar el cañón y logró desarbolar al contrario. Volvía al alcázar de popa, cuando una bala de cañón le alcanzó en la pierna derecha con tal acierto, que casi se la desprendió del modo más doloroso por la parte alta del muslo. Corrimos a sostenerlo, y el héroe cayó en mis brazos.

¡Que horrible momento! Aún me parece que siento bajo mi mano el violento palpitar de un corazón que hasta aquel instante terrible no latía sino por la patria. Su decaimiento físico fue rapidísimo: le vi esforzándose por erguir la cabeza, que se le inclinaba sobre el pecho; le vi tratando de reanimar con una sonrisa su semblante, cubierto ya de mortal palidez, mientras con voz apenas alterada, exclamó: “Esto no es nada siga el fuego”.

Desde aquel momento la tripulación se achicó: de gigante se convirtió en enano; desapareció el valor, y se comprendió que era necesario rendirse. La consternación de que yo estaba poseído desde que recibí en mis brazos al héroe del San Juan Nepomuceno, no me impidió observar el terrible efecto causado en los ánimos de todos por aquella desgracia.

Churruca en el paroxismo de su agonía, mandaba clavar la bandera y que no se rindiera el navío mientras él viviese. El plazo no podía de ser desgraciadamente muy corto, porque Churruca se moría a toda prisa, y cuantos le asistimos nos asombrábamos de que alentara todavía un cuerpo en tal estado; y era que le conservaba así la fuerza del espíritu, apegado con irresistible empeño a la vida, porque para él en aquella ocasión vivir era un deber.

Rindiose el San Juan Nepomuceno, y cuando subieron a bordo los oficiales de los seis buques que lo habían destrozado, cada uno pretendía para sí el honor de recibir la espada del brigadier muerto. Todos decían: “se ha rendido a mi navío”, y por un instante disputaron reclamando el honor de la victoria para uno u otro de los buques a que pertenecía. Quisieron que el comandante accidental del San Juan Nepomuceno decidiera la cuestión, diciendo a cuál de los navíos ingleses se había rendido, y aquél respondió: “A todos; que a uno solo jamás se hubiera rendido el San Juan Nepomuceno.”

Concluido el combate de Trafalgar, el San Juan Nepomuceno fue remolcado por el Dreadnought a Gibraltar por el riesgo de pérdida si se llevaba a Inglaterra, donde permaneció hasta 1808 como buque de alojamiento para oficiales y rehabilitando el camarote de Churruca en homenaje a este personaje que perdió heroicamente la vida en el combate; solamente se abría este camarote, con el nombre de Churruca grabado en oro a la puerta, para la visita de algún oficial. Además, al San Juan Nepomuceno se le concedió el privilegio de mantenerle el mismo nombre cuando se inscribió en el registro de la Real Armada británica como H.M.S. San Juan, hasta 1818 en que desaparece del registro.

CRONOLOGÍA DE INTERVENCIONES

SITUACIÓN

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